La música copa la ciudad

Unas 5.000 personas permanecían hasta ayer totalmente aisladas en comunidades del sudeste tucumano y otras 500 familias con sus casas bajo el agua a causa del desborde de ríos, acequias y canales de desagües. Es lo que estimaron autoridades comunales de Monteagudo, Atahona, Nueva Trinidad y Villa Chicligasta, entre otras localidades afectadas por las inundaciones.

Los funcionarios hasta ayer a la tarde apelaban a medios de transportes acuáticos y aéreos en el afán de acercar ayuda a la gente de distintos parajes. Por fortuna la lluvia cesó y bajó el nivel de las aguas luego de que en las tres últimas jornadas en esa región se alcanzó un registro pluviométrico de 315 mms, según se informó.

Se trató de un fenómeno climático sin precedentes, de acuerdo a los lugareños. La situación más crítica y angustiante se presentaba en la localidad de Villa Chicligasta (Simoca), ubicada a unos nueve kilómetros al este de Atahona. Allí, desde el sábado, son cerca de 400 las familias que están cercadas por el agua que se desmadró de los ríos Gastona y Salí.

La ruta 328 que conduce a ese pueblo fue tapada por la masa líquida a partir del km 5, en el paraje Ampata. Un trayecto de unos dos kms quedó con socavones profundos y riesgosos. Mario Castro, comisionado comunal de esa comunidad, al mediodía clamaba desesperado por asistencia estatal. “La gente quedó desabastecida de alimentos esenciales y esperamos poder hacerle llegar algo de esas necesidades en helicóptero. También nos preocupa la situación de unos cuatro vecinos enfermos que requieren con urgencia ser llevados a un centro asistencial”, dijo a LA GACETA por vía telefónica.

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